Una encuesta indica que el 83% de los trabajadores jóvenes experimenta desmotivación en su empleo. Expertos analizan el cambio en las prioridades laborales, donde el bienestar personal y la flexibilidad ganan terreno frente a las promociones jerárquicas.
En Argentina, un 83% de los empleados jóvenes manifiesta haber experimentado desmotivación o aburrimiento en su puesto de trabajo, según estudios recientes. Este fenómeno, descrito como “piloto automático”, impacta en la productividad y la innovación.
La encuesta de InfoJobs detalla que seis de cada diez empleados dejaron de aspirar a ascender profesionalmente. Un 19% no desea asumir más responsabilidades y un 38% no muestra interés en promociones o reconocimiento. Mónica Pérez Callejo, directora de Estudios de una consultora de RRHH, explica: “El aumento salarial que acompaña esa promoción tampoco está cubriendo las expectativas”, señalando que los incrementos han sido más significativos en los tramos bajos que en los niveles intermedios y altos.
El estudio Talent Trends 2025 de Michael Page refuerza esta visión, indicando que un 55% de los empleados renunciaría a un ascenso si afectase su bienestar. Domenec Gilabert, director general de la firma, considera que esta tendencia se mantendrá en los próximos años. Además, subraya la importancia del incremento salarial en las promociones, que según el estudio Evolución Salarial 2007-2025 de EADA Business School e ICSA Grupo, se sitúa en un promedio del 8,7%, cifra que califica como “pequeña” y recomienda que sea no inferior al 10%.
Un informe de la consultora Adecco revela que el 73% de los jóvenes nacidos entre 1995 y 2000 prioriza el bienestar personal, la flexibilidad horaria y el equilibrio entre vida personal y laboral, por encima de las promociones jerárquicas. Los valores de la Generación Z muestran diferencias sustanciales con generaciones anteriores, como los “baby boomers” o la Generación X, que asociaban el progreso al esfuerzo constante y al ascenso corporativo.
Los centennials adoptan una perspectiva donde el trabajo no ocupa el centro de sus vidas, valorando rutinas alineadas con intereses personales, tiempo libre y ambientes laborales saludables. La pandemia y el auge del teletrabajo consolidaron la preferencia por modelos flexibles y autónomos. Según Adecco, el 65% de los encuestados rechazó empleos con presencialidad obligatoria o jornadas rígidas, basándose en la idea de que el rendimiento se vincula a la gestión del tiempo y no al control constante.
Este cambio generacional ha creado tensiones en empresas con prácticas tradicionales, donde los sectores directivos suelen asociar la oficina con productividad, mientras los trabajadores jóvenes destacan los beneficios de la flexibilidad. El bienestar emocional y el trabajo por objetivos se han convertido en condiciones muy valoradas.
La llegada de los centennials a las oficinas ha coincidido con un aumento en conflictos generacionales y obliga a repensar los modelos de retención de talento. Las organizaciones con esquemas rígidos o que exigen presencialidad absoluta enfrentan dificultades para atraer a jóvenes talentos. Por el contrario, aquellas que ofrecen ambientes diversos, formación continua y políticas de conciliación se posicionan como opciones más atractivas.
Expertos señalan que la desconexión con la cultura corporativa tradicional frena la productividad y la innovación, marcando una brecha entre empresas de alto rendimiento y aquellas que quedan atrapadas en dinámicas de baja productividad.
