Una boda entre miembros de familias aristocráticas suele generar expectativas en una ciudad y si, entre los invitados, está la heredera del trono de los Países Bajos, el revuelo es muchísimo mayor. Eso fue lo que suce dió el sábado 14 de marzo en Sevilla, España, en el esperado “sí, quiero” de Mercedes Olazábal y Solís y Claudio García de Alvear Fernández de Mesa: así como el novio –es presidente de la compañía Acciona– proviene de una familia de apellidos muy arraigados en la capital andaluza, la novia es hija de Ignacio Olazábal Elorz, marqués del Valle de Santiago y de Myriam Solís Guardiola, que es prima de Matilde Solís, la ex mu jer de Carlos Fitz-James Stuart, duque de Alba.
Para la ceremonia religiosa, que se realizó al mediodía en la capilla del Rosario de la Real Maestranza, Amalia eligió un vestido de gasa de la casa española Ladypipa, que combinó con una diadema metálica, una cartera de Elie Saab y unas espadrilles con plataformas que los detallistas deben haber visto: firmadas por Valentino, pertenecen a su mamá, la reina Máxima. Luego del enlace y del cóctel en la Plaza de la Maestranza, Amalia se sacó sus anteojos oscuros y se trasladó junto con los invitados a Casa Guardiola, un conocido palacio (es propiedad de la familia de la novia y data de 1880) donde fue la fiesta que duró hasta la madrugada.
SU RELACIÓN CON ESPAÑA
El vínculo entre Amalia de Orange, la primogénita de los reyes de los Países Bajos, y España es de larga data. Y, de hecho, puede remontarse incluso mucho antes de que naciera, el 7 de diciembre de 2003, en La Haya. “España ocupa un lugar especial en nuestro corazón –dijo el rey Guillermo durante una cena de Estado que ofreció en 2024, en el Palacio Real de Amsterdam, en honor a los reyes Felipe y doña Letizia-. Nuestros vínculos personales son estrechos y nos vemos regularmente. En primer lugar, porque en su país comenzamos a compartir nuestra vida juntos”. Es que la historia de amor de Máxima y Guillermo empezó en España: más precisamente en la Feria de Abril de Sevilla, en 1999. Y Amalia heredó ese cariño tan especial que Guillermo y Máxima tienen por el país. En 2022, cuando la princesa empezó a recibir amenazas, sus padres decidieron que sería España el mejor lugar para que se mudara y continuara con sus estudios universitarios. Muchas de las amistades españolas que Amalia las cosechó en campus madrileño de la IE University, una universidad privada que dicta programas tanto en inglés como en español y sus estudios están adaptados al Espacio Europeo de Educación Superior.
España es, además, el lugar que la familia real neerlandesa elige para hacer escapadas: en más de una ocasión, Amalia ha sido vista paseando por la Milla de Oro (es la zona de la capital en donde hay casas de ropa y restaurantes exclusivos), acompañada por su madre… y también por Mambo, el perrito de la familia. Madre e hija han elegido las pistas de Baqueira Beret, en el Valle de Arán, para pasar fines de semanas de esquí. Y, por supuesto, siempre vuelven a Andalucía. En 2023, Amalia causó sensación al reaparecer en la Feria de Abril de Sevilla (la última vez que había estado había sido en 2019) con un outfit de flamenca de pies a cabeza: con mantilla de flecos y flor en el pelo, con un diseño firmado por la casa de alta costura Fabiola 1987. Ese mismo 2023, pero en octubre, Amalia regresó a Andalucía para acompañar a sus padres en la boda de Victoria de Hohenlohe, duquesa de Medinaceli, que tuvo lugar en Jerez de la Frontera.
Ahora, este 14 de marzo, para el “sí, quiero” de Mercedes Olazábal y Solís y Claudio García de Alvear Fernández de Mesa, Amalia asistió sola. Luego del enlace y del cóctel en la plaza de la Maestranza (fue en el albero de la plaza de toros), la heredera al trono se sacó sus anteojos oscuros y se trasladó a Casa Guardiola, un conocido palacio (es propiedad de la familia de la novia y que data de 1880), donde se divirtió junto con los demás invitados como una española más.
