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Santa Fe
30 agosto, 2025

Las flechas de la escollera en isla Paulino

En un año atípico en materia de comportamiento de pejerreyes, con una temporada que tardó en afianzarse y luego fue mitigada por un frío polar intenso, encontrar regularidades en los rindes de los principales pesqueros ha sido un verdadero desafío. Por eso apostamos en esta ocasión a un point que ha venido rindiendo de modo más o menos parejo pese a las circunstancias climáticas. Y que entrega una pesca de pejerreyes abundante tanto a fondo como a flote, en un ámbito de acceso público donde además podemos tentar a otras especies residentes de todo el año como bagres y carpas. Hablamos de la escollera de isla Paulino, pesquero de Berisso que es ni más ni menos que la base de los famosos malecones donde en verano pescamos bogas y dorados. Allí, en el punto exacto donde las piedras que se adentran un kilómetro en el río se continúan en las tres hileras de palos.

Pero claro, no todo es color de rosa y el lugar exige un pequeño sacrificio: una caminata desde la base de la escollera hasta su morro, algo así como 800 metros que nos obligan a optimizar la carga a llevar si no queremos que la espalda lo sufra. Pero vamos por partes: primero debemos llegar con el auto hasta Prefectura Monte Santiago, donde a la izquierda de dicho destacamento tendremos el camping Dos Islas, punto para hacer base y con el auto a resguardo efectuar el cruce del río Santiago. Allí el prestador que maneja el catamarán, Roberto, arranca con los cruces desde las 7 AM. Viajamos en la cansina embarcación sumergidos en un paisaje estremecedor, con el sol abriendo el vientre de una noche cerrada con sus primeros rayos y el humo saliendo del agua mansa del canal en un amanecer helado. Diez minutos después, con el “suerte muchachos”, Roberto nos despide y nos encontramos junto a mi amigo Alexis Poyato con los bártulos en la base de un camino que en principio es de tierra y luego se convierte en escollera de piedra. Tras unos 1.000 metros de marcha con cuidado de no pisar mal en los huecos de las piedras, hacemos base antes del morro, para tirar allí de fondo y luego ir a probar de flote al final de la escollera, donde el agua permite trabajar las líneas en modo limpiaparabrisas: pescando desde un punto fijo y dejando que la corriente las lleve de un lado al otro según esté bajando o creciendo el río.

Arranque a puro bigote

Las primeras capturas se dieron a fondo, pero no eran la especie objetivo. En su lugar, tremendos bagres amarillos y algún bagre sapo dieron cuenta de las hermosas mojarras que encarnamos apuntando a los pejerreyes, enhebradas en anzuelos 1/0 con dos brazoladas largas de hasta 80 cm en cada línea. Los equipos utilizados para pesca de fondo fueron cañas de 3 tramos de 3,90 a 4,10 m para lances largos y favorecer el izado de piezas en esta zona de rocas donde no es fácil arrimarse y debemos levantar la línea desde arriba. 
Para flote, en cambio, apelamos a las clásicas cañas telescópicas de 4 a 4,20 m, pero con puntera algo dura, ideales para manipular punteros de goma de hasta 80 gramos que nos permitan tirar la línea lejos, posicionándola allí donde se estén dando las flechas. 

Las dos primeras horas fueron sin pejerreyes, tanto a flote como de fondo. En cambio, los bagres parecían activarse más con el correr de los minutos. Decidimos entonces elevar las líneas con boyas elevadoras, manteniendo la brazolada de abajo apoyada en el lecho pero la de arriba a media agua. De hecho, además, reemplazamos algunas íneas de fondo por otras versátiles confecconadas con una boya esférica y una zanahoria que mantienen dos brazoladas arriba, y luego un combo de tres brazoladas a media agua, rematando en una plomada que mantenga el conjunto anclado abajo. Fue un acierto: las líneas elevadas empezaron a pagar con pejerreyes, o dobletes de bagre y pejerrey en cada lance. Los tamaños de los flecha eran importantes, dándose en algunos casos ejemplares de hasta 40 cm.
Pero podemos decir que, al revés de lo que suele ocurrir en otoño, aquí lo mejor empezó a darse después del mediodía. Pude clavar algunas flechas a flote en el morro, que picaron a unos 40 m de distancia de mi posición, mientras mi compañero seguía metiendo flechas con su clásica línea a fondo con boya elevadora.
Algunos parroquianos habitués de la escollera armaron líneas con trampas carperas y se pusieron a pescar del lado sur, es decir, a la inversa de lo que indican los manuales para los amantes de esta especie, que las suelen pescar hacia el lado interno del canal, permanentemente dragado para permitir el ingreso de buques al puerto de La Plata. Me llamó la atención esa búsqueda y estos pescadores me contaron que ellos frecuentan el lugar y siempre logran excelentes carpas del lado de afuera, por lo que reinciden en esos intentos. 

Carpas tamaño XL

Y no pasó mucho hasta que tuvieron sus cañas arqueadas con soberbios ejemplares de carpas de 6 a 7 kilos. Al punto de tentarme a mí también a armar un equipo destinado a esta especie y ponerme a improvisar una masa con una bolsa de harinado que llevaba en mi mochila, que amasé mojándome las manos en el agua de las mojarras. Al rato, tuve suerte con una tremenda chancha que dio brava pelea y que me ayudaron a izar los citados parroquianos que me asistieron con un mediomundo. Es clave jugar en equipo en este pesquero donde una buena pieza necesita ser levantada por algún amigo mientras el pescador batalla caña en mano.

Volví en las últimas horas del día al pejerrey de flote, insistiendo con la pesca menos generosa de la jornada mientras Alexis no paraba de meter flechas a fondo, hasta que también armó una de flote y logró un par de ejemplares un poco antes de llegar a la punta. En mi caso, también pude obtener algunos pejes más con las boyas, pero estaba claro que no subía y lo mejor se daba de media agua para abajo. Como dijimos, la tarde pagó mejor que la mañana y no sólo en cantidad sino también en calidad, regalándonos los mejores pejerreyes de la jornada. 
Cerca de las 17 empezamos el desarme y guardamos los equipos para iniciar la lenta y fatigosa travesía de regreso a la base de la escollera, con la espalda y las piernas cansadas, pero con la alegría de haber vivido una linda jornada de pesca. Whatsapp mediante, Roberto ya nos esperaba con el catamarán y al vernos llegar a paso cansino nos dice: “No hace falta que me digan nada… los veo sonrientes así que les fue bien”. Con una treintena de ejemplares de pejerrey logrados e innumerables bagres más la carpa, no pudimos más que decirle “Sí Rober, tenemos nota”. 

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