Estamos transitando el mejor tramo de la temporada de pejerrey y el Río de la Plata, el más ancho del mundo, vuelve a ser protagonista. Es un escenario que siempre depara sorpresas, tanto en calidad como en cantidad, especialmente cuando la especie se desplaza en grandes cardúmenes. Por su extensión, los pescadores lo dividimos en tres zonas: sur, centro y norte. La sur es la más profunda, con canaletas pronunciadas por donde navegan, por ejemplo, los ferrys hacia Colonia. Allí también se encuentra el famoso “Cementerio de los Barcos”, una zona de naufragios, además de la isla San Gabriel y boyas como A, B, UNEN 10 y La Tomasa. La profundidad ronda los 5 a 6 m.
En el centro del río la popular Playa Honda ofrece entre 2,5 y 3 m de profundidad. Algunos puntos destacados: el Supremo Entrerriano, los barcos hundidos Ditomasso, Cientofante y Sofía; la Chalca y el Bidoncito. Más al norte, la profundidad se mantiene, pero aparecen bancos de arena. Los pesqueros clásicos aquí son El Arbolito, La Raja, El Baldesiera, El Corralito y La Curva. En este recorrido también vale mencionar la Depresión del Palo 4, una zona rendidora aunque difícil de navegar en días de viento.
Por donde empezar
Una estrategia eficaz a lo largo de la temporada es arrancar en aguas profundas de la zona sur, mudarse a Playa Honda en julio y finalizar en el norte pescando sobre bancos en apenas 80 cm de agua. No es fórmula infalible, pero responde a lo aprendido en décadas de experiencia.
Para esta pesca usamos cañas telescópicas o de tramos de entre 4 y 4,5 m, con reeles chicos o medianos cargados con 100 a 150 m de nylon monofilamento 0,25 mm o multifilamento 0,18 mm. Las líneas suelen tener tres boyas separadas 1,60 a 1,70 m entre sí, y un cuarto anzuelo o alargue al final. El largo total no debe superar el de la caña. Las brazoladas más efectivas miden entre 15 y 30 cm. En cuanto a carnadas: mojarra viva, filet de dientudo fresco o coloreado, mojarra salada y, sobre el cierre de temporada, lombriz blanca. El clásico sanguchito (mojarra con filet colgando) sigue dando resultado.
Comienzo de la jornada
Durante nuestras salidas veníamos pescando bien en distintas zonas. Decidí documentar una jornada completa entre amigos. Como es habitual, salimos con Mauro Bittolo, guía del norte del río, y Adrián De Brito, otro amigo de fierro. A primera hora pasamos por Pesca del Plata, donde la carnada siempre está viva y bien cuidada, algo clave para una jornada larga.
El día elegido no fue el ideal: una niebla densa no dejaba ver más allá de un metro. Aún así partimos desde la guardería en Tigre hacia un triángulo imaginario entre la punta norte del banco de La Rajita, el Ditomasso y la torre Anchorena. La navegación fue más lenta de lo habitual, pero sin problemas.
Al llegar lanzamos un ancla de capa para reducir la deriva, tiramos aceite de pescado con un gotero para generar la calle de ceba y empezamos a armar los equipos. Todos usamos boyas de madera balsa Criterio o Cribal, colores oscuros, modelos Nº19, Nº20, Nº30 y Nº219/2, con brazoladas de 15 a 25 cm y mojarras vivas como carnada.
Algo importante en el armado de la caña sobre la embarcación es que no debemos estirarla antes de pasarle el hilo o el nylon por los pasahílos. ¿Qué queremos decir con esto ? Que la mejor manera de armar nuestro equipo es llevar la caña cerrada con el reel colocado en el portarreel y el sedal pasado. Luego atamos la línea a la madre del reel y vamos encarnando uno a uno los anzuelos, dejando la línea en el agua y estirada lo mejor que se pueda. Una vez que tenemos todo esto focalizado, abrimos el pick-up del reel y, desde el tramo puntero, vamos abriendo y ajustando la caña en cada uno de los topes telescópicos. Si la caña fuera en tramos, realizamos los mismos pasos y luego enchufamos.
Un dato muy importante es que el pejerrey de río tiene la boca muy grande, por lo que debemos hacer encarnes generosos y no escatimar en el tamaño de los anzuelos que, según la marca que se elija, pueden rondar entre el Nº 1/0 al 3/0. Siempre es bueno elegir anzuelos de alambre fino y que no pierdan su filo.
En busca del lugar
Mientras navegábamos el canal hacia nuestro primer destino, observamos algunos bulos en superficie, cosa que nos llamó la atención porque no es común en un día tan cerrado por la neblina. Obviamente, detuvimos la marcha y ancla de capa al agua. Desenredamos las líneas producto de la navegación, encarnamos con mojarra viva y algún filet de dientudo para esperar los piques, que tardaron en llegar. En un día tan desventado el ancla de capa no cumplía la función, por lo que decidimos colgar un peso muerto y la verdad es que no varió demasiado, pero corregimos la deriva. Las líneas se alejaban muy lentamente y no teníamos piques cercanos, había que esperar a verlas a unos 40 m de distancia para tener alguna esperanza.
Aquí me detengo para alejar el mito de que el pejerrey pica siempre lejos; no es así, muchas veces hemos logrado grandes trofeos al inicio de la calle de ceba. En este día particular la pesca se dio así, lejos de la lancha, pero no es una regla. Los pejes picaban firmes llevando lentamente las boyas de costado, pero había que dejarlos comer bien para lograr clavarlos.
Así fue toda la jornada. El viento era escaso y no nos alejaba las boyas. Al principio no hubo piques, pero después llegaron algunos ejemplares interesantes, de 600 a 700 g. Adrián propuso movernos hacia el canal uruguayo para buscar más profundidad y visibilidad. Allí logramos mejores capturas, algunas cercanas al kilo. Luego, volvimos a la zona inicial, de unos 4 m de profundidad, donde los tamaños sorprendieron: ejemplares de entre 500 g y 1,20 kg.
Tres piques memorables
Quiero cerrar con estos tres piques inolvidables. El primero, de Mauro: vio apenas moverse su boya y dijo: “Cuento hasta tres y clavo”. Acertó. El agua estalló y un matungo voló a bordo. El segundo, de Adrián: quiso pescar cerca, apenas dejó caer la línea y algo la frenó. Cerró el pick up, esperó y levantó otro monstruo. El tercero fue mío, aunque menos glorioso: dejé derivar más de 100 m y, cuando picó, era un pejerrey de 25 cm, el más chico del día. Así es el Río de la Plata: puede darte lo inesperado… o el pescado de tu vida, como el que obtuve en 2006: 2,460 kg y 67 cm.