Cuando este jueves por la noche Marcelo Gallardo asome por última vez por el túnel único del Monumental, la figura que emergerá no será la del deté que no pudo lograr que River recuperara el “espíritu”, como se trazó como objetivo a su regreso. Los ochenta y cinco mil hinchas con boleto -y los otros millones espectadores- observarán al mito, a la estatua hecha carne, al ídolo. “Muñeeeco, Muñeeeco…”
Por más que no haya habido nada más que esto, que los u$s 80 millones invertidos en el mercado no hayan dado una contraprestación equivalente desde lo futbolistico o que la campaña actual sea comparable con la que precedió al descenso. Nada de eso estará personificado en Gallardo: desde las 21.14 del lunes, el colectivo riverplatense entró en un duelo -para muchos, indigerible- que intentará elaborar ante Banfield. Ofreciéndole al hombre que cambió un paradigma y que modificó la historia una demostración de cariño a la escala de su monumento.
“Muñeeeco, Muñeeeco…”. Gallardo dejará de ser el técnico de River cuando se acabe el partido. Pero no se irá de River. Nunca. Incluso para los hinchas más enojados, los que le reprocharon los desaciertos en los mercados o los errores de planificación, o los planteos equivocados. En todo caso, lo que se produjo fue un sinceramiento: quienes lo veían como Napoleón, como una especie de semidiós casi todopoderoso, han entendido al fin que Gallardo es un ser humano. Que puede fallar al planificar uno o dos mercados. Que no siempre va a ganar, que incluso puede perder. Parte de la maduración de una relación que permanecerá inquebrantable, consolidada en los años dorados -14 títulos, superclásicos inolvidables ante Boca, una historia hermosísima que perdurará más allá de esta secuela infructuosa- que ahora requiere de un espaldarazo. Un mimo redireccionado, de los hinchas para el deté que esta vez no los pudo hacer tan felices como lo deseaba. Como lo exige el hit: en las malas mucho más.
Si Gallardo no quiso que en el Liberti no hubiera plaqueta, que no se le realizara un video de homenaje ni cualquier otra clase de reconocimiento fue porque desea que se trate de una noche más entre él y la gente. La despedida entre dos que tendrá un impacto ciertamente anímico en MG. Un entrenador que no encontró en sus futbolistas esa respuesta que esperaba, que en el primer tiempo del domingo ante Vélez hizo el clic, que maduró su decisión y que terminó de comunicarla, ya post reflexión, un día más tarde.
Un técnico que fue arropado en las horas previas por una familia -su esposa Geraldine y su hijo Benja en casa; Matías, Nahuel y Santino a la distancia- que estará ubicada en el palco de la tribuna Centenario, sin alteraciones de rutina: él los esperará, como de costumbre, en el anillo para volver a casa. Esta vez, para un descanso que se prolongará todo lo que el Muñeco sienta que es necesario. Porque deberá asimilar el impacto de este adiós que estaba fuera de agenda cuando proyectó el River 2026.
“Muñeeeco, Muñeeeco…” El Monumental hablará para él. Estallará. Lo ovacionará las veces que sienta necesario para apuntalarlo. Aunque también las tribunas protagonizarán una contrastante reacción. Porque del mismo modo que el deté gozará de una redentora ovación de parte de los hinchas, los jugadores quedarán en el ojo de la tormenta. Pero ahora, sin el paraguas protector del ídolo saliente.
Sólo a los juveniles que mostraron cierta rebeldía deportiva (personificados en Joaquín Freitas o Santiago Beltrán como botones de muestra) se los correrá con aplausos más cerca de la pared para que los gotones no los salpiquen. Pero la bronca será evidente. Cuál será el alcance del rechazo se conocerá recién cuando la voz del estadio nombre uno a uno a los protagonistas que saldrán a la cancha para recibir a Banfield. Por caso, Gallardo hablará desde el equipo que ponga: la combinación de apellidos que MG haga en el Liberti dirá muchísimo…
Porque, pasado el ídolo de bronce, carne y hueso, la lupa quedará sobre un plantel que cargará con el peso de no haberle respondido al técnico más ganador de la historia. El testeo en ese sentido será de temperamento, de carácter. De espíritu. Porque el umbral de tolerancia para con el plantel que busca conductor (y que estuvo conformado por el entrenador que se despedirá) tenderá a cero. Con escasas concesiones.
Sólo Gallardo tendrá la cobija de millones. Sólo para él será The Last Marce antes de perderse por el túnel. Y volver a la estatua.
Los últimos encuentros de Gallardo con los hinchas de River
Video: Leandro Vaquila (@LeaVaquila)
Fuente: Instagram oficial de River
