En una jornada clave del debate por la reforma laboral en la Cámara de Senadores, no fueron los discursos ni los fundamentos técnicos los que más captaron la atención, sino un gesto con fuerte carga simbólica: el sugestivo cruce de miradas entre la vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel, y la secretaria General de la Presidencia, Karina Milei.
La escena se produjo durante la sesión en la que se discutía el proyecto de modernización laboral, una ley emblemática para el Gobierno. Mientras la titular del Senado –y segunda en la fórmula presidencial– interrumpía el debate para dar la bienvenida oficial a los invitados del Ejecutivo, las cámaras enfocaron un instante de tensión silenciosa: Villarruel desde el estrado y Milei observándola desde el palco con un gesto serio y distante.
Villarruel pronunció un saludo que pretendía ser cortés, invitando a los enviados del Poder Ejecutivo a “acompañar en esta larga noche de sesión”. La imagen que quedó, sin embargo, fue otra: mientras otros funcionarios respondían con sonrisas y gestos de reconocimiento, Karina Milei mantuvo la compostura con un mínimo gesto, que fue interpretado como un desaire.
Las lecturas de ese breve intercambio visual no se hicieron esperar. En un contexto donde el oficialismo ya arrastra tensiones internas y rivalidades de poder visibles al público, el gesto de Milei frente a Villarruel fue visto como un reflejo de relaciones que van más allá del ceremonial del Congreso. Cada mirada, cada silencio, se politiza en un escenario donde las lealtades y las tensiones se observan con lupa.
