La caída del consumo, la competencia con importaciones y los altos costos operativos ponen en jaque a empresas del rubro en todo el país, con casos que reflejan la difícil situación estructural del sector.
Las pequeñas y medianas empresas textiles enfrentan un contexto complejo marcado por una mayor competencia con importaciones y una apreciación cambiaria que dificulta su actividad. Según datos del sector, desde fines de 2023 se registraron entre 380 y 500 empresas cerradas y una pérdida estimada de 11.500 a 18.000 empleos formales.
La situación afecta a diversas regiones del país, incluyendo provincias del interior, y se agravó entre 2025 y 2026 por una histórica caída del consumo interno y el aumento de los costos operativos. Algunas firmas han iniciado procedimientos preventivos de crisis o suspendido personal.
En este escenario, un caso que tomó estado público es el de una reconocida marca de indumentaria con presencia en múltiples locales y venta online. Un consultor cercano a la empresa relató que sus ventas se redujeron a la mitad en el último año, mientras sus costos fijos se duplicaron. “Entró mucha mercadería importada, lo cual no solo les bajó los márgenes, sino que ahora compiten contra más jugadores”, explicó.
El consultor señaló que, pese a contar con una marca con identidad y reconocimiento, la estructura de costos se volvió inviable. Ante la caída de ventas, reducir la inversión en marketing no fue una solución, ya que el negocio seguía perdiendo dinero. “Cuando los números no cierran, hay que actuar rápido. El gradualismo con una empresa que pierde plata cada semana es solo una forma más lenta de quedarse sin opciones”, afirmó.
El dilema final para esta pyme, según el relato, se centra en la difícil decisión de desvincular a empleados con mucha antigüedad o enfrentar un cierre inminente. El caso ilustra los desafíos estructurales que atraviesan muchas empresas del sector, para las cuales las soluciones de marketing no alcanzan si no hay un cambio en la base económica del negocio.
