La proliferación de monopatines eléctricos plantea nuevos retos para la seguridad vial, con velocidades que superan las normativas y una necesidad urgente de fiscalización.
Los monopatines eléctricos, parte de los Vehículos de Movilidad Personal (VMP), se han vuelto comunes en el paisaje urbano. Su integración al tránsito genera debates sobre seguridad y regulación. Aunque la velocidad máxima reglamentada es de 25 a 30 km/h, existen modelos que alcanzan los 80 km/h, lo que representa un riesgo por su tamaño reducido y bajo nivel de ruido.
Este fenómeno ha llevado a países como Alemania, Francia, España, México y Brasil a establecer leyes sobre características y uso de estos vehículos. En Argentina, la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) dispuso la normativa mediante la Disposición 480/2020, y ciudades como Buenos Aires cuentan con regulaciones locales.
Si bien estos vehículos promueven una movilidad más sustentable y accesible, expertos destacan la necesidad de fiscalizar el cumplimiento de las normas en todos los municipios para proteger tanto a conductores de VMP como a peatones y otros usuarios de la vía pública.
