Con sus aguas tranquilas, su rica historia de inmigración galesa y un crecimiento poblacional sostenido, Puerto Madryn se consolida como un destino que combina experiencias naturales con desarrollo urbano.
Puerto Madryn rodea el Golfo Nuevo con sus brazos de tierra mientras el sol sale lentamente. Un grupo de hombres y mujeres, vestidos con trajes de neopreno, se preparan para nadar con lobos marinos. La ciudad no es solo una excusa para vivir experiencias naturales, sino un lugar con identidad propia.
Entre las actividades destacadas se encuentra el snorkel en Punta Loma, operado por Scuba Duba, y las veladas de astroturismo en la Estancia San Guillermo, guiadas por Nani de Patagonia Sky. También se pueden realizar avistamientos de ballenas, orcas, delfines y visitar la pingüinera en la estancia San Lorenzo, todas en Península Valdés.
La ciudad se divide en dos mitades: norte y sur, tomando como eje la intersección de las avenidas Gales y Roca. Al sur se ubica la zona residencial; al norte, el camino hacia Península Valdés. La guía turística Adriana Chao señala que el antiguo muelle, hoy turístico, recibió el último crucero de la temporada el 1 de abril.
En la zona norte se encuentran casas más sencillas, pertenecientes a los primeros pobladores dedicados a la cría de ovejas para lana Merino. Allí se erige el monumento a la hazaña galesa, que representa a una mujer con un vestido movido por el viento patagónico, de espaldas al mar. En la playa junto al muelle se realizan actividades sociales como la Fiesta Nacional del Cordero y talleres municipales.
Un edificio de ladrillo con la inscripción “Empresa Mercantil Chubut” en español y galés recuerda los orígenes de la ciudad. Cerca se encuentra la terminal de ómnibus, donde antes estaba la estación de ferrocarril. Puerto Madryn es la Capital Nacional del Buceo, actividad que impulsó el turismo desde los años 50.
El Museo del Hombre y el Mar, también conocido como Chalet Pujol, perteneció a un empresario catalano-español que lo donó a la comunidad. La ciudad lleva el nombre del último Barón de Madryn, Sir Love Jones-Parry, y su desarrollo se aceleró con la llegada de la planta de aluminio Aluar, la más grande de Sudamérica.
El crecimiento más estético se ha dado en el sur, donde la tierra frente al mar pasó de costar 5.000 dólares en los años 90 a 15.000 dólares años después, y hoy ya no hay terrenos disponibles. Esto ha impulsado la construcción en la zona norte.
